La música de jazz ya ha cumplido más de un siglo de existencia.
Ha superado crisis que treinta o cuarenta años atrás eran consideradas como definitivas y superado rótulos o etiquetas. como “jazz-rock”, “fusión”, “free jazz” que intentaban disimular un creciente desinterés del público por este género. Hoy, contra todos los pronósticos, la realidad es otra. El jazz se ha transformado definitivamente en una música universal, paradigma de modernidad, tono y prestancia. Algo así como la quintaesencia artística de lo políticamente correcto.
El jazz es música democrática.
Constituye el legado colectivo de un pueblo, se trata de una música de origen humilde hoy patrimonio tanto de pobres como de ricos, participativa, comunicativa, sus ejecutantes provienen de ámbitos diversos. Su interpretación y disfrute representan los principios de igualdad de derechos y oportunidades de quienes habitan una sociedad libre. La expresividad de su lenguaje necesita de la interacción entre el intérprete y su público.
El jazz tiene su origen en Norteamérica .
Ha influido profundamente en la creatividad de músicos de todo el mundo. Europa, la ex URSS, Africa, Oriente medio, Lejano, Australia y las dos Américas han generado músicos que brindaron su aporte enriquecedor a este género. Sin embargo, resulta imposible obviar su origen en artistas de la raza negra recién liberados de la esclavitud, convirtiéndolo en una profunda manifestación de libertad, talento y expresión artística de la identidad.